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Fotógrafo de Boda en Mas de Canicatti: Cristina & Javi

Después de más de un año hablando de esta boda

El sábado 10 de junio de 2017 amaneció con uno de esos días que parecen ponerse de acuerdo con una boda al aire libre: sol, buena temperatura y nada de frío. Después de más de un año hablando de aquel día, por fin se casaban Cristina y Javi.

Y digo «por fin» porque Cristina llevaba mucho tiempo formando parte de esta historia. Es amiga de Juan, cuya boda habíamos realizado en junio de 2015. Cuando pasó aquella boda, Juan nos recomendó y Cristina me llamó. Desde aquella primera conversación tuve la sensación de que lo tenía bastante claro; sinceramente, no creo que buscara demasiado más.

A partir de ahí pasamos más de un año hablando de su boda, comentando decisiones, resolviendo dudas y debatiendo cómo quería vivir y recordar aquel día. Eso hace que cuando finalmente llegas a una boda como fotógrafo ya no estés entrando en la celebración de dos desconocidos. Conoces cosas de la pareja, sabes qué les preocupa y entiendes mejor qué es importante para ellos.

Cristina es una persona muy entregada a todo lo que hace. Se esfuerza muchísimo, es generosa con sus sentimientos y muy agradecida. Y tiene además una característica que siempre me ha parecido curiosa: cuando alguien vive las cosas con tanta intensidad, no siempre resulta sencillo ponerse en manos de otra persona y dejar que trabaje sin supervisarlo todo.

Precisamente por eso tiene todavía más valor lo que nos contaría después de la boda: que una de las cosas que más había apreciado de nosotros era la seguridad que le transmitimos para poder relajarse y despreocuparse. Después de tantos meses hablando, el 10 de junio ya no tocaba seguir planificando. Tocaba vivirlo.

Dos maneras distintas de vivir el deporte

Cristina y Javi son dos personas muy deportistas, pero no me refiero simplemente a ir al gimnasio. Los dos tienen esa relación con el deporte de quien disfruta practicándolo y lo incorpora a su forma de vivir.

La pasión de Cristina es el yoga y la de Javi, la bicicleta. Puede parecer un detalle pequeño dentro de una boda, pero precisamente estas cosas son las que ayudan a entender a las personas que estamos fotografiando.

Además, unos meses antes habíamos realizado juntos un vídeo de preboda. Recuerdo escribir entonces que nos había quedado «chulísimo», pero lo importante para el día de la boda era otra cosa: ya habíamos pasado tiempo juntos, ya conocían nuestra manera de trabajar y la cámara había dejado de ser una extraña.

Una ceremonia civil en Mas de Canicatti

La ceremonia se celebró al aire libre en Mas de Canicatti. En 2017 yo describía este espacio como justo lo contrario a esas «factorías de bodas» en las que coinciden varias celebraciones al mismo tiempo.

Lo que me gustaba era precisamente la sensación de disponer de diferentes espacios, la decoración y una organización que hacía que familiares y amigos pudieran ir viviendo cada parte del día en un entorno distinto.

Pero si hay algo que convirtió aquella ceremonia en una ceremonia imposible de confundir con otra fue el hombre encargado de casarlos.

El ceremoniante le metió un gol a Cristina

Nunca terminé de saber si aquello lo había preparado exclusivamente el ceremoniante o si Javi estaba al corriente de lo que iba a suceder. Lo que sí tuve claro es que a Cristina le habían metido un gol.

El ceremoniante tenía también mucho de monologuista y convirtió los primeros compases de la ceremonia en una sucesión de bromas sobre Cristina y Javi: cómo se habían conocido, cómo eran y algunas cuestiones personales de la pareja.

Y eso tenía especial gracia porque Cristina es bastante reservada. Ya durante el vídeo de preboda había dejado claro que determinadas cosas no le apetecía demasiado contarlas delante de una cámara.

Allí estaba ahora, el día de su boda, escuchándolas delante de alrededor de un centenar de personas.

Yo la miraba y pensaba que no agarraba al ceremoniante del cuello únicamente porque estaba celebrando su boda y tenía a toda aquella gente detrás. Pero lo cierto es que Cristina aguantó el tipo perfectamente: no frunció el ceño, no levantó una ceja y se mantuvo prácticamente impasible, aunque de vez en cuando le lanzaba una mirada bastante fría.

Al ceremoniante aquello no pareció preocuparle demasiado. El monólogo continuó.

Las «bolas de payaso» y una salida que nadie había previsto

Todavía le quedaba una última jugada.

Para hacerse su particular selfie, el ceremoniante consiguió que los invitados lanzaran el arroz de manera precipitada. Él mismo lo bautizó como «las bolas de payaso».

El problema llegó después: cuando tocaba realmente la salida de los novios, buena parte del arroz ya se había lanzado.

La pobre Cristina terminó teniendo una salida bastante atípica, prácticamente sin el lanzamiento que normalmente habría acompañado ese momento. Pero, a cambio, quedó una imagen completamente diferente y una historia que todavía años después sirve para recordar exactamente lo que ocurrió.

Y esto es algo que pasa constantemente en las bodas reales: lo que se sale del guion puede desesperarte durante treinta segundos y acabar siendo precisamente lo que más recuerdas.

El cóctel, la cena y un bufé de quesos difícil de ignorar

Una vez terminada la ceremonia llegó una parte mucho más tranquila del día. Mas de Canicatti tenía diferentes espacios muy cuidados y, en aquel artículo de 2017, yo destacaba precisamente que no había elementos estridentes ni detalles que desentonaran con el conjunto.

En aquellos años lo considerábamos uno de los espacios más conocidos y prestigiosos de Valencia tanto por el trato como por la comida. Y aquella boda reforzó bastante esa impresión.

El cóctel funcionó especialmente bien y había algo que visualmente era imposible pasar por alto: el bufé de quesos. Recuerdo definirlo como un espectáculo para la vista.

Después llegó la cena, entre regalos de las amigas, vídeos sorpresa, ramos y momentos familiares. Fue una celebración bastante tranquila, sin necesidad de enlazar una sorpresa detrás de otra para que estuvieran pasando cosas.

Cuando los invitados se olvidan del fotógrafo

Durante la cena hubo también proyecciones y vídeos preparados para los novios. Como fotógrafo siempre me han gustado especialmente esos momentos, pero no solo por lo que ocurre en la pantalla.

Cuando se proyecta un vídeo, los invitados concentran toda su atención en él. Miran la pantalla, buscan cuándo aparecen ellos, se ríen, señalan, miran a la persona que tienen al lado y durante unos minutos se olvidan completamente de que hay un fotógrafo trabajando.

Para mí eso es oro.

No necesito pedirles que hagan nada ni provocar una reacción. Simplemente puedo moverme, observar y fotografiar lo que está ocurriendo: una carcajada, alguien emocionándose, dos amigos comentando una imagen o una familia mirando el vídeo junta.

Son precisamente esos momentos en los que nadie está pendiente de nosotros los que más se acercan a la manera en la que entendemos hoy un reportaje de boda natural en Valencia: estar cerca de lo que ocurre sin obligar a la boda a detenerse para la fotografía.

La opinión de Cristina & Javi

Recomiendo el servicio de Video-boda 100% por su calidad de trabajo y, sobre todo, por la seguridad que te transmiten para poder relajarte y despreocuparte de todo, por su apoyo y paciencia con nosotros.

El reportaje de fotos de nuestra boda es espectacular por la calidad de las imágenes y los detalles en ellas. Respecto al vídeo, lo mismo que decir, y sobre todo emotivo.

Cristina & Javi
10 de junio de 2017 · Mas de Canicatti

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