18 AGOSTO 2018 · CHIVA · UNA HISTORIA QUE HABÍA EMPEZADO MÁS DE ONCE AÑOS ANTES
Cris y Carlos se casaron el 18 de agosto de 2018 en
Masía El Ferrajón, en Chiva. Fue una boda civil celebrada lejos del ruido de Valencia,
entre pinos, distintos espacios exteriores y una noche que terminó siendo mucho más fresca
de lo que cualquiera habría imaginado en pleno agosto.
Nosotros realizamos el reportaje de fotografía y vídeo.
La boda fue especialmente colorida y alegre, pero lo que más personalidad le daba
era todo lo que había sucedido antes de llegar allí: Cris y Carlos llevaban
más de once años compartiendo vida.
DE LOS BANCOS DEL PARQUE Y MESSENGER A UNA FAMILIA CON LUCAS
Cris y Carlos se conocieron cuando todavía eran dos jovenzuelos,
en esa época en la que muchas tardes consistían simplemente en sentarse con los amigos,
dejar pasar las horas y decidir qué se haría el fin de semana.
El artículo original me hizo recordar también mi propia adolescencia:
yo acudía con mi moto de 50 cc a los bancos de la iglesia y podía pasar allí más horas
de las razonables solo por ver a la persona que me gustaba.
Los planes eran Valencia, El Perelló, Puzzle y, en general,
salir sin demasiadas obligaciones y con la sensación de que el futuro quedaba muy lejos.
Cris y Carlos se conocieron en un ambiente parecido:
miradas que intentaban disimularse y conversaciones interminables por Messenger.
Todo aquello había quedado ya muy atrás cuando llegó la boda.
Habían dejado de ser dos críos para convertirse en padres de Lucas,
un niño completamente integrado en la pandilla de amigos de sus padres,
que lo llamaban cariñosamente «Mogli».
Durante la boda pasó de brazo en brazo, correteando y recibiendo besos de todo el mundo.
CRIS EN EL FERRAJÓN, CARLOS ENTRE LAS BROMAS DE SUS AMIGOS
Cris se arregló en la propia masía acompañada por su familia y sus amigas.
Para la peluquería contó con Garlo Estilistas.
Fueron unos preparativos muy distendidos, llenos de risas y con una sensación de cercanía
que se mantuvo durante toda la jornada.
Cristina era una persona especialmente cariñosa, muy pendiente de Lucas,
de su sobrina y de la gente que tenía alrededor.
Nunca sentimos que estuviéramos trabajando desde fuera:
nos hizo participar mucho de su día y eso facilitó enormemente el reportaje.
Carlos, por el contrario, se preparó en casa de sus padres.
Acudieron sus hermanos y sus amigos para ayudarle a vestirse,
aunque «ayudar» quizá no sea la palabra exacta:
se pasaron buena parte del tiempo gastándole bromas.
Carlos encajaba bastante bien el puteo amistoso
y se lo tomaba todo con una paciencia considerable.
UNA CEREMONIA CIVIL AL ATARDECER ENTRE PINOS
La ceremonia civil se celebró al aire libre, en una preciosa pinada y con la luz del atardecer.
Carlos pasó buena parte de la ceremonia muy emocionado,
especialmente durante las palabras de sus amigos de la calle.
Aquellos discursos estaban escritos desde una historia común de muchos años.
Personalmente recuerdo pensar que los amigos se habían esforzado de verdad
para que Cris y Carlos tuvieran una ceremonia bonita.
Salieron a hablar, se mojaron y lo hicieron muy bien.
Es precisamente ese tipo de participación la que termina dando una identidad propia
a una ceremonia civil.
Después, el cóctel se trasladó a otro espacio del Ferrajón:
una plazoleta iluminada con guirnaldas y una barra circular en el centro.
Ese cambio de ambientes le sentaba especialmente bien a la celebración;
cada parte de la boda parecía tener su propio escenario.
UNA NOCHE DE AGOSTO QUE TERMINÓ A 22 GRADOS
El personal técnico de Masía El Ferrajón nos trató especialmente bien.
Todo lo que les pedimos para facilitar el trabajo y mejorar la ceremonia
nos lo pusieron fácil, algo que se agradece muchísimo cuando trabajas
con varios equipos de fotografía y vídeo durante tantas horas.
La cena se celebró dentro de la carpa.
Y ocurrió algo difícil de imaginar cuando piensas en una boda el 18 de agosto:
a medida que avanzó la noche, la temperatura cayó alrededor de diez grados
hasta situarse aproximadamente en 22 °C.
Después del calor del día, se estaba realmente bien.
Durante la cena llegaron las sorpresas, los regalos y las entregas de ramos
a amigos y familiares. Era la parte de la boda en la que la historia de la pareja
se abría por completo a toda la gente que había crecido junto a ellos.
EL BAILE DE NUEVO BAJO LAS GUIRNALDAS
Para el baile volvimos al césped, bajo las guirnaldas y entre los pinos altísimos
que rodeaban aquella parte de la finca.
Cris y Carlos bailaron entre vítores, risas y amigos que llevaban compartiendo
su historia desde mucho antes de que existiera siquiera la idea de esta boda.
Años atrás estos artículos quedaban muchas veces aislados,
pero hoy podemos reconstruir mejor la continuidad de cada familia.
En el archivo de esta misma pareja aparece también un
reportaje posterior en familia.
Eso hace que la boda de Cris y Carlos no sea únicamente una entrada de 2018,
sino una pieza dentro de una historia más larga.
Y el propio Ferrajón volvió a aparecer años después en nuestro archivo.
Por ejemplo, puedes ver también
la boda de Rebeca & Eduardo en Masía El Ferrajón,
una celebración completamente distinta en el mismo espacio.
Comparar ambas historias ayuda a entender mejor cómo una finca cambia según la pareja,
la época del año y la manera de vivir la boda.
Gracias por la experiencia, chicos.
Después de más de once años de historia, una pandilla enorme alrededor de Lucas,
una ceremonia llena de palabras de amigos y una noche de agosto bajo los pinos,
solo quedaba desearos lo mismo que escribimos entonces:
buenas fotos y buena suerte.
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