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Fotógrafo de Boda en Masía El Olivar: Alicia & Jose

Alicia & Jose: de Chelva y Segorbe hasta el sí quiero

El 17 de junio de 2017 por fin consiguieron casarse Alicia Dorce y Jose Morro Villagrasa. Ella procedente de Chelva y él de Segorbe, dos lugares que aquel día terminaron unidos alrededor de una misma boda.

En la crónica que escribimos entonces lo contábamos con bastante humor: parecía una versión valenciana de Romeo y Julieta, porque más de 200 personas se habían congregado supuestamente para «protestar» por el matrimonio de aquellos dos jóvenes.

La realidad era exactamente la contraria. Aquella gente estaba allí porque Alicia y Jose tenían alrededor a muchísimas personas con ganas de acompañarlos. Familiares, amigos, vecinos y buena parte de la gente que había formado parte de sus vidas estaban completamente volcados con ellos.

Y esa sensación de comunidad empezó mucho antes de llegar a la iglesia.

Dos casas y cuatro personas trabajando desde primera hora

Alicia y Jose habían querido que el día comenzara cubriendo simultáneamente los preparativos de los dos.

Éramos cuatro personas trabajando en la boda: dos acompañando a Jose en su casa y otras dos con Alicia. De esa manera ninguna de las dos historias tenía que esperar a que termináramos en un sitio para empezar a contar la otra.

Tampoco era nuestra primera experiencia juntos. Antes de la boda habíamos realizado su preboda, una sesión que ellos mismos recordarían después diciendo que les había enamorado. Así que cuando llegó el día de la boda ya nos conocíamos y había una confianza que cambia completamente la manera de trabajar.

Alicia llegó a la iglesia y los nervios pudieron con ella

Alicia y Jose son dos personas bastante tranquilas. Los dos son muy generosos con lo que sienten, pero tampoco son una pareja especialmente estridente. Y, dentro de los dos, Jose todavía es más tranquilo que Alicia.

Sin embargo, aquel día se les notaba una ilusión enorme. Querían casarse, formalizar su relación y, sobre todo, celebrar que habían llegado hasta allí con toda su gente alrededor.

En Alicia esa emoción terminó saliendo de golpe justo antes de entrar en la iglesia.

Estaba nerviosísima. Hubo un momento en el que se vino abajo y empezó a llorar. De aquel instante quedó una fotografía muy tierna en la que mira hacia abajo, ligeramente de lado, intentando recomponerse porque los nervios finalmente habían podido con ella.

No era una imagen que hubiera podido prepararse. Simplemente ocurrió. Y precisamente por eso cuenta mucho más sobre cómo estaba viviendo aquel momento que cualquier fotografía que hubiéramos podido pedirle.

El último paseo del brazo de su padre

Su padre estaba especialmente orgulloso.

Iba a acompañar a su hija hasta el altar y vivir ese último paseo del brazo de Alicia antes de entregarla a Jose. Pero su participación en la boda había empezado bastante antes.

Había disfrutado preparando la salida de casa junto con amigos y vecinos. Y aquello fue una buena muestra de lo que estaba ocurriendo en Chelva: la boda no parecía importar únicamente a la familia más cercana.

Había vecinos implicados, amigos esperando fuera y gente participando activamente en lo que estaba pasando. Era casi como si una parte del pueblo estuviera celebrando aquella boda con ellos, no simplemente limitándose a asistir y entregar un regalo.

Nuestra Señora de los Ángeles también formaba parte de la historia de Alicia

Para casarse eligieron la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles.

Tampoco era una elección casual. Alicia había recibido allí años antes tanto la comunión como la confirmación, así que volver para casarse cerraba de alguna manera otro pequeño círculo dentro de su propia historia.

Y cuando terminó la ceremonia, fuera los esperaban aquellas más de 200 personas de las que hablábamos al principio.

Cohetes, confeti y arroz a niveles difícilmente soportables

Si mantenemos la broma de Romeo y Julieta, los supuestos manifestantes estaban «armados hasta los dientes».

Solo que sus armas eran cohetes, confeti y cantidades de arroz difícilmente soportables.

Estaban perfectamente vestidos para la ocasión y, en lugar de intentar impedir que Alicia y Jose se casaran, lo que realmente estaban haciendo era derrochar cariño por todas partes.

Fue una de esas salidas en las que hay demasiadas cosas ocurriendo a la vez: los novios intentando avanzar, gente gritando, confeti volando, arroz por todas partes, abrazos y amigos buscando hueco para acercarse.

Para un reportaje así no hay mucho que dirigir. Hay que estar allí y seguir lo que va sucediendo.

De la iglesia a Masía El Olivar

Después de la ceremonia, la celebración continuó en Masía El Olivar, el espacio que Alicia y Jose habían elegido para el convite y la fiesta.

El menú fue muy completo, con una propuesta de pescado por un lado y carne por otro, mientras alrededor continuaban apareciendo familiares, amigos y pequeñas historias que contar.

Pero hay algo que recuerdo especialmente de aquella parte del día: las amigas de Alicia.

Las amigas de Alicia, el videoconfesionario y las «micro jotas»

Cuando llegó el momento del videoconfesionario, las amigas de la novia decidieron que aquello había que aprovecharlo.

Desplegaron todo tipo de ocurrencias delante de la cámara y acabaron inventando lo que entonces bautizamos como «micro jotas».

No voy a intentar hacer que aquella expresión suene más elegante ahora, porque precisamente esas pequeñas tonterías que nacen durante una fiesta son las que terminan dando personalidad a un vídeo años después.

El videoconfesionario fue además una de las sorpresas que Alicia y Jose recordarían expresamente después de la boda. No solo les gustó a ellos: también nos contaron que los invitados habían terminado encantados con el equipo.

Una relación que había empezado antes de la boda

Una de las cosas que más me gusta recuperar al volver a leer estas bodas años después es que el trabajo no empezaba realmente el día de la ceremonia.

Alicia y Jose lo explicaron muy bien en su opinión: desde que nos conocieron sintieron que habían acertado. Hablamos mucho antes de la boda, hicimos juntos la preboda y cuando llegó el momento de trabajar con cuatro personas en dos casas diferentes, ya existía una relación previa.

Para ellos fue importante poder hablar de tú a tú, preguntar cuando lo necesitaban y sentir que podían despreocuparse de la parte de fotografía y vídeo cuando llegó el día.

Y desde nuestro lado recuerdo exactamente lo mismo: trabajar para Alicia y Jose fue un placer tanto por el reportaje como por la relación personal que se había creado alrededor de él.

La opinión de Alicia & Jose

Bueno, qué decir de esta gran persona como es Israel y su gran equipo. Cuando lo conocimos sabíamos que habíamos acertado y, después de todo el trabajo, no hemos fallado. Lo volveríamos a elegir una y otra vez.

Es una persona que trata de tú a tú, a cualquier hora, te ayuda en todo lo que necesitas. A nosotros nos hizo el preboda y nos enamoró.

Luego, el día de la boda vinieron cuatro personas a trabajar, ya que lo queríamos: dos a casa del novio y dos a mi casa. Todo genial.

La gente de la boda estaba súper contenta con ellos. Luego el videoconfesionario fue una gran sorpresa y se portaron genial.

Bueno, lo recomiendo 100%. No tendréis ningún problema: grandes profesionales y calidad/precio de lo mejor, con calidad. Sobre el tema de vídeo son los mejores, sin duda. Estamos súper contentos. Gracias, Israel, por todo.

Alicia & Jose
17 de junio de 2017 · Masía El Olivar

Aquel día terminamos deseándoles lo mejor en la vida. Y, volviendo ahora a aquellas imágenes, lo que queda no es solo una boda en Masía El Olivar: queda una novia intentando contener las lágrimas, un padre orgulloso, vecinos organizando una salida, más de 200 personas lanzando arroz y unas amigas inventándose micro jotas delante de una cámara.

Eso es precisamente lo que buscamos conservar en nuestros reportajes de boda en Valencia: no una versión perfecta del día, sino la que realmente ocurrió. Puedes ver también otras bodas reales y las historias que había detrás de ellas.

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