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UNA BODA ORIGINAL { B&Y : 1J2016 }

Bea Navarro y Youri Koop llegaron a su boda con una idea bastante clara: disfrutar de la familia, de los amigos y de una celebración que unía dos culturas. Valencia puso el escenario y ellos pusieron el carácter: una pareja entusiasta, decidida y con muchas ganas de pasarlo bien.

La ceremonia en San Juan del Hospital fue bilingüe, con un sacerdote holandés y otro español, lecturas en ambos idiomas y un “sí, quiero” que resumía perfectamente aquella mezcla de familias, idiomas y maneras de celebrar.

Una ceremonia bilingüe en San Juan del Hospital

La boda de Bea y Youri empezó en uno de los rincones históricos de Valencia: San Juan del Hospital. La iglesia estaba decorada con flores de Flores Feliu y la ceremonia tenía algo que la hacía especialmente suya: dos sacerdotes, uno holandés y otro español, compartiendo la celebración para que las dos familias pudieran vivirla en su propio idioma.

También las peticiones y algunos de los momentos de la ceremonia se fueron alternando entre ambos idiomas. El “sí, quiero” terminó siendo uno de esos instantes que se entienden sin necesidad de traducción. En aquel momento me recordó, salvando las distancias, a ese encuentro de idiomas y declaraciones de amor de Love Actually. Fue tierno, divertido y muy propio de ellos.

Bea y Youri: una boda para disfrutarla de verdad

Bea y Youri son de esas parejas a las que cuesta imaginar quietas demasiado tiempo. Viajes, música, amigos y familia formaban parte de su manera de vivir y también estuvieron presentes en su boda. No era un día pensado para cumplir un guion, sino para estar con su gente y disfrutar de todo lo que iba pasando.

Eso se nota especialmente cuando vuelves a un reportaje de boda años después. Más allá de cómo vestía cada uno o de la decoración del momento, lo que permanece son las miradas, las bromas, las personas que estaban allí y la forma en la que una pareja se relacionaba con ellas.

De San Juan del Hospital a la celebración

Al terminar la ceremonia, los invitados subieron al autocar para continuar la celebración en la masía. Bea y Youri hicieron el trayecto en un clásico de Estil Morgan Classics, uno de esos coches que llaman la atención incluso antes de arrancar.

El coche tenía curvas, el vestido de Bea de Pronovias también tenía mucha presencia y Youri, evidentemente, tampoco pasaba desapercibido. En el artículo original de esta boda escribí una broma sobre lo difícil que era que una pareja así saliera mal en las fotografías. Años después, sigo pensando que la idea era bastante acertada.

La llegada a la celebración cambió por completo el ritmo del día. Atrás quedaban la ceremonia y los desplazamientos; empezaba la parte en la que todo se mezcla: saludos, abrazos, conversaciones, gente que hacía tiempo que no se veía y esa sensación de que ya no queda nada que organizar, solo disfrutar.

Más momentos del reportaje

En esta boda hay también una selección de imágenes verticales. Las mantenemos juntas para respetar su formato original y evitar recortes que no aportan nada a la fotografía.

Un baile nupcial que llevaba trabajo detrás

El baile nupcial no fue precisamente improvisado. Bea y Youri lo habían ensayado y Youri había tenido paciencia suficiente para llegar al día de la boda con los deberes hechos. Cuando Audioprobe Valencia subió el fader y empezó la música, la gente se quedó mirando.

Había incluso una pequeña metáfora dentro de la coreografía que, por lo que recuerdo, no todo el mundo terminó de entender a la primera. Pero tampoco hacía demasiada falta: funcionó, los invitados entraron en el juego y el baile abrió definitivamente la parte más festiva de la noche.

Una boda que sigue teniendo cosas que contar

Este es uno de esos reportajes antiguos que merece la pena conservar precisamente porque ya ha pasado tiempo. Las fotografías dejan de ser solo imágenes del día de la boda y se convierten en una forma de volver a personas, gestos, familias y momentos que ya pertenecen a otra etapa de la vida.

Bea y Youri hicieron de su boda una celebración muy suya: dos idiomas, dos familias, mucha personalidad y pocas ganas de quedarse quietos. Para nosotros, volver ahora a estas fotografías es también recordar por qué un reportaje de boda tiene sentido muchos años después: porque guarda cosas que no vuelven a ocurrir exactamente de la misma manera.

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