Fotografía y vídeo de boda en Rex Siglo XXI, L'Alcúdia: Aída & Edu
De una Crida en Fallas a una ceremonia con su cofradía y una fiesta sin prisa por terminar
La boda de Aída y Edu reunió una ceremonia en San Andrés Apóstol y una celebración en Siglo XXI, una de las salas del Grupo Rex en L'Alcúdia. Este reportaje de fotografía y vídeo de boda forma parte de nuestro archivo de bodas reales. También puedes conocer nuestro trabajo de fotografía de bodas en Valencia y nuestra guía de espacios para bodas.
Edu no conoció a Aída en una cita preparada. La conoció durante la Crida de las Fallas de Alzira, después de que una amiga de ella la invitara a vivir una fiesta con la que llevaba años soñando. Aída apenas conocía a nadie. Edu se preocupó por que estuviera cómoda y no se perdiera, y aquel cuidado pequeño fue lo primero que le llamó la atención. Años después, las tradiciones que les habían acercado volverían a estar en el centro de su boda.
Un anillo, una torrada y un perro que no entendía de pedidas
La propuesta de matrimonio llegó después de una época complicada en la que habían decidido no hacerse regalos. Edu, sin embargo, tenía otros planes. Escogió la caseta familiar donde Aída había pasado tantos veranos con sus abuelos, un lugar que para ella ya estaba lleno de recuerdos. Se fueron allí con su perro, prepararon una torrada y abrieron vino. Cuando Edu le pidió que se tapara los ojos, Aída protestó: habían quedado en no gastar dinero en regalos. Al abrirlos lo encontró de rodillas con el anillo. Según cuenta Edu, el perro no paraba de entrometerse; al final, casi tuvo que pedir matrimonio a los dos.
Un reloj del abuelo y la mañana de las bromas sobre el traje
La mañana del 24 de octubre empezó por separado. Aída se preparó en casa de sus padres y su abuela, rodeada de familia, peluquería, maquillaje y nervios. Tenía ganas de ver a Edu y comprobar qué traje había escogido, porque él llevaba tiempo bromeando con que aparecería vestido de blanco, con sombrero y bastón. En los detalles que habían preparado también viajaba la historia familiar: Edu llevaba un reloj que había pertenecido al abuelo de Aída; ella, unos pendientes que su abuelo regaló a su abuela. En el ramo había una cinta bordada por sus amigas y una medalla. No necesitaban explicar esos objetos a todo el mundo para saber lo que significaban.
El velo, las manos de sus padres y el pasillo que parecía eterno
Aída llegó andando a la iglesia de San Andrés Apóstol, muy cerca de la casa familiar. Entró acompañada por su padre y su madre, con el velo cubriéndole el rostro. Su padre lo levantó al llegar a Edu y juntó sus manos. A ella el pasillo se le hizo interminable: solo quería llegar y verlo de cerca. Lo encontró llorando, como ella. Edu lo recuerda de otra manera, más sencilla y directa: mientras avanzaba hacia él solo quería que llegara de una vez; cuando la tuvo delante pudo detenerse a mirarla.
El Santisim Cris de la Fe también estuvo cerca del altar
La iglesia no fue una elección casual. Aída pertenece a una familia vinculada desde generaciones a la cofradía del Santisim Cris de la Fe, y Edu se incorporó a ella después de conocerla, hasta llegar a participar como portador. Para la boda pidieron que la imagen estuviera cerca del altar. El sacerdote, don José Luis, que había llegado recientemente a la parroquia, preparó una homilía muy personal después de interesarse por su historia. Hubo lecturas de familiares y amigos y hasta un pequeño sobresalto cuando a una niña que llevaba los anillos se le cayó uno. La ceremonia, formal en sus símbolos, terminó teniendo la cercanía que ellos esperaban.
Flamenco, familia y un cóctel donde los invitados también bailaron
En Rex Siglo XXI les esperaba una celebración preparada pensando en todas las edades, con lugares donde sentarse para niños y mayores. El grupo Jarite había acompañado la ceremonia y también puso música al cóctel; pronto había familiares y amigos cantando y bailando con ellos. Para Aída y Edu, que disfrutan con la casa llena y su gente alrededor, no se trataba solo de servir bien una comida: querían ver a todos a gusto, incluidos los que normalmente se quedan al margen del jaleo.
Las servilletas en alto y unos niños que robaron el protagonismo
Su entrada al banquete arrancó con una música de aire operístico que cambió de golpe hacia el tecno. Los invitados se levantaron y formaron un pasillo agitando servilletas: Aída recuerda que no quedaba nadie sentado. Más tarde, cuando les dijeron a los novios que esperaran en sus sitios, se extrañaron. ¿No eran ellos quienes tenían que dar las sorpresas? Entonces aparecieron los niños de la boda disfrazados. Los sacaron al pasillo y se pusieron a bailar con ellos, desde los más pequeños hasta los mayores. Las monitoras que habían estado jugando con los niños durante la celebración les habían ayudado a preparar el momento.
Ramos para las madres, una canción para la abuela
Entre tanta fiesta hubo espacio para detenerse. Aída y Edu entregaron ramos a sus madres y a la abuela de Aída, y prepararon música elegida por lo que querían decirles. Para la abuela sonó una canción que ella compartía con su marido, el abuelo de Aída. También hubo regalos para las parejas de amigos que serían las siguientes en casarse. Eran gestos que hicieron mirar alrededor, hacia las personas que habían acompañado a los novios antes de aquel día y que seguirían a su lado después.
De sesenta segundos de baile a una fiesta que siguió en el pueblo
Edu había dicho que no quería bailar. Después aceptó sesenta segundos, como máximo. Aída le convenció para ensayar con una amiga profesora de baile y, entre risas, tropiezos y alguna semana en la que no pudieron practicar, terminaron preparando su entrada a la pista. Luego llegó una fiesta con disfraces, photocall y un confesionario en el que los amigos dejaron mensajes que ya estaban deseando ver. Según Aída, de unos 214 invitados, más de 150 permanecieron hasta el final. Cuando terminó la celebración en Rex, algunos aún regresaron andando a L'Alcúdia y siguieron un rato en un pub. Al día siguiente, agotados y todavía acelerados, Aída se despertó y buscó la mano de Edu. Todo había ocurrido de verdad.
De sesenta segundos de baile a una fiesta que siguió en el pueblo
Edu había dicho que no quería bailar. Después aceptó sesenta segundos, como máximo. Aída le convenció para ensayar con una amiga profesora de baile y, entre risas, pasos que no terminaban de cuadrar y alguna semana sin poder practicar, consiguieron preparar su baile nupcial. Y cuando llegó el momento, abrieron la fiesta por todo lo alto.
La celebración tuvo lugar en uno de los nuevos boxes de Siglo XXI, del Grupo Rex, un espacio moderno, acristalado y lleno de luz, pensado para disfrutar de la música y del ambiente de la fiesta. Su enorme terraza exterior ofrecía además un lugar donde sentarse, conversar y disfrutar del atardecer. Allí instalamos nuestro photocall y el confesionario de Va de Novias, donde los invitados pudieron hacerse fotografías y dejar a los novios mensajes, bromas y recuerdos que ahora podrán volver a escuchar.
La fiesta fue la mascletà
Pero Aída y Edu todavía tenían una sorpresa preparada. Alrededor de las nueve de la noche llegó la hora loca: disfraces, bastones luminosos, música y todos sus amigos dispuestos a darlo todo. Y, como Aída es enfermera, no podían faltar las jeringas. Eso sí, esta vez iban cargadas de Jägermeister y se administraban por vía oral. Una manera bastante particular de ejercer la profesión fuera del horario laboral.
Entre bailes, disfraces, fotografías y mensajes en el confesionario, la fiesta fue exactamente lo que habían querido organizar: una celebración para disfrutar con su gente, sin estar pendientes del reloj. Tanto que, según Aída, más de 150 de los 214 invitados aguantaron hasta el final. Y algunos todavía tuvieron fuerzas para continuar la noche en un pub de L'Alcúdia.
Hay bodas que se recuerdan por una imagen. Esta también se recuerda por los sonidos: una iglesia que escucha una homilía cercana, un grupo de flamenco que consigue que baile la familia, las servilletas que se agitan a la entrada del banquete, los amigos hablando al confesionario. La fotografía conserva los gestos de Aída y Edu; el vídeo de boda deja además volver a escuchar cómo fue estar allí.
Un abrazo,
Israel — Va de Novias
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Aída y Edu tuvieron el Cristo de su cofradía en el altar, un baile negociado y amigos que siguieron la fiesta incluso después de salir de Rex. En nuestro archivo hay más bodas contadas desde lo que vivió cada pareja.
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