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Fotografía y vídeo de boda en Utiel y Bodegas Emilio Clemente: Ángela & Fernando
Una noche en el pub de Fer, una familia con Jimena y una cámara preparada para Pepe.

Este reportaje cuenta la boda de Ángela y Fernando, celebrada en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Utiel y continuada después en Bodegas Emilio Clemente, en Requena. Es uno de esos trabajos en los que la fotografía y el vídeo de boda tienen sentido precisamente por todo lo que ocurre alrededor: la gente, las voces, las bromas que solo entiende una familia y las personas que siguen estando presentes incluso cuando ya no pueden sentarse a la mesa.

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DE UNA NOCHE EN EL PUB DE FER A CASARSE EN UTIEL

Ángela y Fernando se conocieron una noche en el pub que tenía Fer. Cuando les pregunté qué fue lo primero que les llamó la atención del otro, Ángela habló de su alegría y de esa sonrisa que parece no acabarse nunca; Fernando recordó lo buena persona que era y lo bien que se complementaban. Después llegó la convivencia y, con ella, la certeza de que aquello iba en serio.

Con los años llegó Jimena y la historia dejó de ser solo de dos. También la pedida tuvo mucho de ellos: ocurrió en casa, cenando con la familia, junto a sus padres y su hija, coincidiendo además con el cumpleaños de Ángela. Cuando hablaban de futuro antes de la boda tampoco imaginaban grandes artificios: seguir creciendo en sus trabajos, hacerse su propia casa, tener quizá otro hijo y continuar construyendo una vida que hacía tiempo que ya estaba en marcha.

“PEPE, NUESTRA HIJA SE HA CASADO”

El 12 de septiembre de 2026 se casaron en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Utiel. Ángela llegó en un precioso dos caballos rojo antiguo y, desde el principio, Jimena ocupó ese lugar natural que había tenido durante toda su historia: no como una invitada más, sino como parte de lo que estaba ocurriendo.

Hubo un momento de la ceremonia en el que una voz empezó reconociendo que no sabía si iba a poder continuar. Entonces dejó de hablarle a la gente y habló directamente a Pepe, el padre de Ángela: “Pepe, nuestra hija se ha casado. Ella y tu nieta están preciosas. Prepara tu mejor cámara.” La frase continuó recordando su sonrisa, la forma en la que había querido a los suyos y lo orgulloso que estaría viendo aquel día. No hacía falta explicar mucho más. La persona que faltaba acababa de entrar en la ceremonia a través de las palabras de su familia.

SI ÁNGELA DICE “ESTOY LISTA”, NO LE CREAS

Sus amigos llevaban más de quince años acumulando historias con Ángela, aunque empezaron su discurso admitiendo que muchas de ellas no podían contarlas delante de la familia, ni de Fer, ni de Jimena y probablemente tampoco delante de la propia Ángela. Así que hicieron un recorrido por las versiones que sí podían hacerse públicas: la Ángela más choni, la transformación, la más pija, la del síndrome del nido y la que puede tardar tres horas en arreglarse para terminar diciendo: “Espera, que me cambio.”

Y dejaron también una advertencia para Fernando: si algún día Ángela dice “estoy lista”, que no la crea; y si asegura que llegan en cinco minutos, tampoco. Pero después de las risas llegó la parte que explicaba por qué aquellas personas seguían a su lado quince años después. Hablaron de los momentos difíciles, de cuando murió su padre y de algo que todos habían aprendido sobre ella: Ángela es una de las personas que se queda. De las que acompañan, cuidan y siguen estando cuando ya no hay ninguna broma que hacer.

UNA FAMILIA NO SE CONSTRUYE EN UN SOLO DÍA

En todos esos años los amigos de Ángela también habían visto aparecer a Fer. Primero fue el chico que ella les presentó, después el novio de Ángela y, con el tiempo, simplemente Fer. Luego llegó Jimena. El discurso terminó hablando de los viajes, las cenas, los domingos, las noches sin dormir y todos esos días normales que, vistos juntos, terminan formando una vida.

Lo resumieron con una frase especialmente sencilla: “Una familia no se construye un solo día. Se construye todos los días.” Y probablemente ahí estaba buena parte del sentido de aquella boda. La ceremonia no estaba creando una familia desde cero. Estaba reuniendo alrededor de Ángela, Fernando y Jimena a muchas de las personas que habían visto cómo se construía.

DE LA IGLESIA A LOS VIÑEDOS DE BODEGAS EMILIO CLEMENTE

Después de la ceremonia la celebración continuó en Bodegas Emilio Clemente. El día salió bueno, con sol pero sin un calor excesivo, y el cóctel pudo hacerse al aire libre en la parte baja de la rampa, abierto hacia las vistas de los viñedos. Mientras los invitados empezaban a reunirse allí, nos fuimos con Ángela y Fernando a recorrer algunos de los espacios de la finca para hacer las fotografías de pareja.

Empezamos en el patio interior donde más tarde se celebraría la comida. Las mesas ya estaban montadas alrededor de una fuente central, con una decoración muy cuidada, grandes telas que cruzaban el patio de punta a punta para proteger del sol y arañas de cristal suspendidas sobre el espacio. En los laterales, antiguos instrumentos utilizados para trabajar la tierra recordaban dónde estábamos. Desde allí seguimos hasta la casa señorial, hicimos algunas fotografías en la entrada y terminamos en el mirador posterior, con los viñedos extendiéndose detrás de ellos.

LAS AMIGAS DE SIEMPRE Y UN DOS CABALLOS ROJO

Cuando regresamos al cóctel, Ángela volvió a reunirse con sus amigos y con ese grupo de amigas que llevaba tantos años formando parte de su vida. En un momento nos apartamos un poco de la celebración con ellas para hacer unas fotografías más personales. Y ahí no hizo falta pedir demasiado. Se notaba en cómo se abrazaban, cómo se miraban y cómo se reían entre ellas que aquello no era un grupo reunido únicamente para salir bien en una fotografía.

Seguimos haciendo fotos mientras subíamos hacia la zona donde estaba aparcado el dos caballos rojo con el que Ángela había llegado a la ceremonia. El coche, las amigas y el paisaje terminaron formando parte de una sesión que tenía mucho más que ver con conservar relaciones que con conseguir una sucesión de posados. Después volvieron al cóctel y continuaron disfrutando de la tarde con el resto de invitados.

REGALOS, COPAS MAL CRUZADAS Y UN CURA VOLANDO

Durante la comida hubo regalos para las madres, momentos especialmente emotivos para la familia, y también detalles para las dos personas que habían participado leyendo durante la ceremonia y para la siguiente pareja que se casaría. Entre medias organizaron un juego en el que cada mesa tenía su propia canción. Bastaba con que empezara a sonar para que la gente se levantara, bailara y terminara arrastrando también a Ángela y Fernando a una comida mucho menos tranquila de lo que podía parecer al comenzar.

Tampoco estuvieron especialmente finos con el protocolo, y ahí estuvo precisamente parte de la gracia. En el brindis nupcial, en vez de cruzar los brazos y beber cada uno de su propia copa, terminaron dándose de beber mutuamente, como si las dos copas tuvieran que enchufarse una con otra. Con la tarta ocurrió algo parecido: mientras intentaban decidir exactamente qué se suponía que tenían que hacer, Jimena andaba alrededor haciendo cortes por su cuenta y disfrutando bastante más que cualquiera de las instrucciones del protocolo.

Y la comida terminó de soltarse cuando empezaron a subirse a la mesa nupcial para lanzarse sobre los invitados. Primero Ángela, después Fernando y, cuando parecía que ya habíamos visto suficiente, terminó lanzándose hasta el cura. Hay momentos que uno puede planificar para una boda y otros que simplemente suceden. Afortunadamente, este pertenecía al segundo grupo.

PHOTOCALL, TATUAJES Y TODO LO QUE QUEDÓ DESPUÉS

En la fiesta había varias cosas ocurriendo al mismo tiempo. Nosotros montamos el photocall con revelado, donde los invitados podían hacerse las fotografías y llevárselas impresas durante la propia boda. Cerca había también una mesa de pequeños tatuajes por la que iba pasando la gente y una plataforma 360 de otro proveedor que se convirtió en otro de los puntos de encuentro de la fiesta. La celebración se fue repartiendo entre el baile, las fotografías, los grupos de amigos y todo lo que iba apareciendo sin demasiado orden, que probablemente era justo como tenía que terminar aquel día.

Si tuviera que recordar la boda de Ángela y Fernando dentro de unos años seguramente no sería únicamente por una fotografía concreta. Sería por Jimena entrando y saliendo de las escenas como si toda la boda también fuera un poco suya; por las amigas que llevaban media vida junto a Ángela; por un brindis que hicieron completamente al revés; por un cura volando sobre los invitados; y, sobre todo, por aquella frase dirigida a alguien que ya no podía estar físicamente allí: “Pepe, nuestra hija se ha casado. Prepara tu mejor cámara.”

Quizá por eso encaja tan bien aquello que dijeron sus amigos: una familia no se construye en un solo día. Las fotografías conservan cómo fue aquel 12 de septiembre; el vídeo permite volver a escuchar sus voces. Y entre ambas cosas queda guardado algo bastante más difícil de explicar: cómo eran Ángela, Fernando, Jimena y toda la gente que los rodeaba precisamente en ese momento de sus vidas.

¿Te casas en Bodegas Emilio Clemente?

Ángela y Fernando celebraron aquí una boda entre viñedos, un cóctel al aire libre y un patio lleno de pequeños detalles.
Descubre cómo es celebrar una boda en Bodegas Emilio Clemente.

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