MARÍA & BRANDON — BODA EN EGUREN UGARTE
2 NOVIEMBRE 2018 · LOGROÑO · LA REDONDA Y EGUREN UGARTE
Nuestra historia de amor
Nos conocimos en Londres, en noviembre de 2011. Yo acababa de llegar a una residencia de Notting Hill y Bran ya vivía allí. El destino quiso que fuéramos vecinos. Cuando abrí mi habitación apareció él para presentarse y, según cuenta, lo primero que pensó fue: «¡Qué buena suerte he tenido, mi vecina está buena!».
Empezamos nuestra relación el 14 de febrero de 2012. Brandon me preparó una cena romántica en su habitación de nueve metros cuadrados, con cama individual, lavabo y armario; en Londres aquello casi era un lujo. Se levantó a las seis de la mañana para poder salir antes del trabajo y comprar productos típicos españoles y, por supuesto, una botella de vino de La Rioja. A partir de aquel momento ya no me pude resistir a él… la culpa la tuvo el vino.
Yo había llegado a Londres pensando quedarme seis meses y al final vivimos allí juntos casi cinco años. Siempre había dicho que volvería a La Rioja, pero el amor y los amigos terminaron llevándonos a Valencia, a vivir en L'Eliana, algo a lo que durante mucho tiempo me había negado. Pero así es la vida… jajaja.
El día de la boda empezó en casa, rodeada por una familia que había recorrido muchos kilómetros para estar allí. Cuando recuerdo a María y Brandon pienso en una aventura divertida, en una boda con muchísimo contenido y en una novia completamente entregada a su día: radiante, emocionada y feliz. Ese es precisamente el tipo de historia que da sentido a un reportaje de boda: personas reales, familia y momentos que no se pueden repetir.
Mi pedida de mano
Brandon me convenció para hacer un viaje de solo tres días a Asturias: nueve horas de coche de ida y otras nueve de vuelta. Ese verano había venido parte de su familia asturiana y, según me explicó, estaban algo recelosos porque hacía mucho tiempo que no iba. Así que salí del colegio, me recogió y nos fuimos.
Me llevó hasta Puerto de Vega y, durante un atardecer en un acantilado precioso, hincó la rodilla y me pidió matrimonio. Eso sí: después de que prácticamente todos los planes que había preparado le fueran saliendo mal, hiciera un viento atroz y casi termináramos despeñándonos. La pedida perfecta, a nuestra manera.
La boda y el vestido
Para mí la boda era un momento soñado. Me hacía muchísima ilusión prepararla y durante años había tenido mil ideas en la cabeza, aunque cuando te pones de verdad con ello descubres que todo cambia y que cada decisión abre diez decisiones nuevas.
Disfruté muchísimo de los preparativos y especialmente del diseño y la confección del vestido con Vega de Orbe, mi modista. La búsqueda del vestido perfecto fue una de las mejores partes: primero recorrí las tiendas de Logroño con mi prima, mi madre y mis tías, cada una con su opinión y yo con mis ideas bastante claras; después llegó Valencia, con la madre de Bran y mi madre; y finalmente Madrid, otra vez con mi madre y mis tías. Hicimos, literalmente, un millón y medio de viajes hasta dar con lo que yo tenía en la cabeza.
La relación con la modista terminó siendo tan especial que mi madre, a una semana de la boda, todavía no tenía vestido. Se cogió una semana de vacaciones y se fue a Madrid para que Vega se lo hiciera a medida. Hoy son de esos recuerdos de los preparativos que forman parte de la boda tanto como el propio día.
Los zapatos también eran fundamentales para mí. Tenía claro que debían ser especiales: algo que normalmente no me compraría. Mis amigas, que me conocen demasiado bien, se ofrecieron a regalármelos, pero no fui capaz de pedirles semejante regalo.
Al final elegí unos Aquazzura en rosa oscuro. Al principio casi todo el mundo que lo sabía me decía que estaba loca, hasta que una buena amiga me recordó algo bastante evidente: era mi boda y tenía que hacer lo que a mí me apeteciera. Como quería llevar algo de mis amigas, les pedí que me regalaran el tocado y que me ayudaran a elegirlo.
También recuerdo las salidas a La Laurel después de jornadas enteras preparando detalles y decoraciones con la familia. Se implicaron hasta tal punto que sus compañeros de trabajo ya no querían ni oír hablar de nuestra boda. Y mis amigas consiguieron que aquel día pareciera realmente el evento del año, por todo lo que hicieron para que yo me sintiera especial.
Las casas
Uno de los momentos a los que más vueltas le di fue dónde vestirme. Yo quería hacerlo en casa de mi abuela, porque ella no iba a poder estar con nosotros, pero por logística terminó siendo imposible. Así que volví a mis raíces y me vestí en mi casa de toda la vida. Mis tías y mi prima pequeña vinieron a ayudarme.
Hay un detalle pequeño que para mí significaba muchísimo: los gemelos de mi padre, un regalo que yo misma le había hecho por su cumpleaños. Mi padre es una persona cariñosa y tranquila que siempre ha estado a mi lado. Quería que supiera cuánto lo quiero y que, aunque pase el tiempo, esté lejos de casa o podamos pasar varios días sin hablar, nunca se le olvide.
Y luego estaba mi hermano con chaqué. Creo que fue la primera y probablemente la última vez que lo veremos así. Además estaba con nosotros mi sobrino, que tenía solo quince días y llevaba un traje hecho por mi tía.
Mi hermano es una persona muy rural, sencilla de gustos y muy alejada de la ciudad. Le gusta pasear por el campo y disfrutar de su rebaño de cabras, por eso sé perfectamente el esfuerzo que supuso para él ponerse un chaqué. Aunque tengo que reconocer que, cuando apareció en la comida con el pañuelo en la cabeza, hasta parecía haberse acostumbrado.
Teníamos clarísimo que la boda tenía que celebrarse en un puente: había que movilizar a muchísima gente y no queríamos que el plan fuese únicamente «ir a una boda», sino pasar un fin de semana entero disfrutando de La Rioja. Preparamos una noche de preboda en el bar de mi tío y antes organizamos una visita a las Bodegas Franco-Españolas.
El espacio de la boda
El fin de semana siguiente a la pedida fuimos a Logroño. El viernes, nada más llegar, se lo contamos a mis padres. No terminaban de creérselo y mi madre no paraba de decirle a Bran: «Pero si tú no te quieres casar».
Vimos tres sitios aquella mañana, pero no llegamos a Eguren Ugarte hasta la tarde. Bastó mirar las vistas desde la sala de espera para saber que tenía que ser allí. Después todo fue encajando: el color de los viñedos, la bodega, las montañas… mucha esencia de La Rioja.
La iglesia y las palabras de la familia
Cuando pienso en la iglesia, pienso en mi hermano conduciendo un coche clásico y en mi padre sentado a mi lado. Cierro los ojos y veo la calle peatonal cerrada al tráfico, llena de gente, mientras la atravesaba nerviosa acercándome a las puertas.
Y después veo a Brandon emocionadísimo, llorando de alegría y balbuceando entrecortado: «¡Cómo me has engañado! Estás preciosa».
Otro de los momentos que guardo fue escuchar a mi padre hablar ante todo el mundo para dar las gracias. Me sentí la persona más orgullosa del mundo y enormemente feliz de tener allí a toda aquella gente y de que fuese precisamente él quien pronunciara esas palabras.
Para Brandon también ocurrió algo excepcional: por primera vez consiguió reunir a toda su familia, la parte madrileña y la asturiana. Sus abuelos estaban especialmente emocionados porque se cumplía una de sus ilusiones: ver casarse a su «líder», como lo llama su abuela.
El abuelo de Brandon había escrito una poesía preciosa para recordarle a su nieto el sentido de la vida. La emoción fue tan grande que finalmente tuvo que dejar que la madre de Brandon la leyera por él. Ese poema terminó convirtiéndose en uno de los grandes hilos emocionales del vídeo de la boda y es también la razón por la que María & Brandon aparecen entre nuestras bodas con mayor carga emocional.
Mi tío ofició la boda y al final dejó subir a varios amigos para leer sus discursos. ¿Qué puedo decir de unas amigas a las que conozco desde los tres años o de los dos amigos de Brandon que me llaman «princesa rural»? Lo que sentí fue muchísimo cariño y gratitud por tenerlos allí.
El convite
No os voy a engañar: hizo fresco. Fue un día nublado y cayó algo de agua, pero como estábamos dentro tampoco tuvo demasiada importancia para mí. Recuerdo especialmente las palabras de Brandon, el monólogo de mi primo y el juego que propusimos a todos los invitados. Y, por supuesto, no faltó vino de Rioja durante el cóctel y la comida.
Con el baile nupcial hubo persecución previa. Nuestros amigos nos habían pedido encarecidamente que practicáramos y llegaron a decirme textualmente: «María, eres arrítmica y esto te va a costar». Incluso nos pagaron clases de baile. Nosotros, naturalmente, no les hicimos demasiado caso. ¿Para qué, si en mi cabeza éramos Fred y Ginger en sus mejores tiempos? Fue un exitazo. Todavía se están riendo.
Brandon había preparado además un flashmob sorpresa con sus amigos y acabamos disfrutándolo todos juntos. La música tuvo muchísimo peso en esta boda, por eso años después la historia de María & Brandon también quedó conectada con nuestro contenido sobre música en las bodas.
Gracias por la experiencia, chicos. Buenas fotos y buena suerte.
Proveedores
Espacio: Eguren Ugarte
Tocados: Tousette
Alianzas: Argimiro
Vestido de novia: Vega de Orbe
Maquillaje: Makeover Logroño
