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BELA & MOTAZ — BODA INTERNACIONAL EN MYRTUS

28 JULIO 2018 · PUZOL · UNA BODA ENTRE CULTURAS

Cuando Bela contactó conmigo desde Inglaterra y me dijo que seríamos los elegidos para realizar el reportaje de fotografía y vídeo, se me iluminaron los ojos como a un colegial que quiere enseñar sus zapatillas nuevas después del verano.

No era únicamente la alegría de una nueva boda. Teníamos delante una celebración con una mezcla cultural poco habitual: Bela, de raíces rumanas, y Motaz, de familia palestina, reunían a personas que habían viajado desde distintos lugares para encontrarse en Valencia y celebrar juntos. El escenario elegido fue Myrtus, en Puzol, espacio que años después aparece en parte de nuestro archivo como Flora Fauna y Primavera.

UNA ENTREVISTA DE TRABAJO QUE TERMINÓ CAMBIÁNDOLES LA VIDA

La historia de Bela y Motaz empezó de una manera bastante particular. Bela estaba buscando empleo y en una de las entrevistas conoció a Motaz, que era el encargado de la selección de personal de la empresa. Ella consiguió el puesto y, por lo visto, también consiguió llamar su atención.

Durante aproximadamente un año trabajaron juntos, se conocieron en el día a día y acabaron siendo inseparables. Aquella boda tenía precisamente eso: una enorme cantidad de matices que no podían entenderse si solo mirábamos la ceremonia o el banquete.

Motaz nos recibió en su casa visiblemente alegre, rodeado de amigos que habían viajado desde distintos lugares para acompañarlo. Entre ellos hablaban en inglés, así que nos tocó sacar nuestro oxidado segundo idioma para hacernos entender. Fue un reto añadido y, al mismo tiempo, una de las cosas que hicieron que aquel reportaje fuese diferente.

Bela se preparó en casa acompañada por su familia, por su madre y también por la hija de Motaz. Sus raíces familiares estaban en Rumanía, aunque, igual que Motaz, hacía tiempo que su vida estaba ya muy arraigada en España.

UNA LIMUSINA, UNA TRACA Y UNA SALIDA QUE PARECÍA DE CINE

A la hora señalada, una limusina aparcó en la puerta de la casa donde Bela se estaba preparando. Una sonora traca anunció la llegada de Motaz, que bajó del vehículo dispuesto a recoger a la que en unas horas sería su esposa.

Bela tampoco se quedó atrás. Salió con un vestido de estilo princesa, tiara y una melena rubia ondulada. El archivo audiovisual de aquella boda identifica el vestido como Sposa de Gaudin. Con el sol del verano, la escena tenía un punto cinematográfico que encajaba perfectamente con el tono de aquel día.

Pero junto a la alegría había también una emoción más difícil de explicar. Bela era hija única y tenía un vínculo especialmente estrecho con sus padres, sobre todo con su madre. Era un día de celebración, sí, pero también uno de esos momentos en los que una familia percibe que algo cambia para siempre.

En el artículo original llevábamos esa sensación al lenguaje de los cuentos: la princesa que esa misma noche debía partir hacia otro reino para empezar su propia vida. Era una broma, pero detrás había algo muy real: la mezcla de orgullo, felicidad y cierta tristeza que se veía en la familia de Bela.

UN REPORTAJE EN LAS PLAYAS DE XILXES ANTES DE LA CEREMONIA

La limusina trasladó después a la pareja hasta las playas de Xilxes, donde realizamos parte del reportaje de pareja. Entre risas y gestos de cariño aprovechamos aquel cambio de escenario antes de regresar hacia la celebración, donde los invitados ya esperaban a los novios.

Para nosotros este tipo de desplazamientos solo tienen sentido cuando ayudan a contar mejor la historia y no convierten el día en una sucesión interminable de poses. La prioridad seguía siendo que Bela y Motaz vivieran su boda y que nosotros estuviéramos allí para contarla.

Esa forma de trabajar conecta directamente con nuestra manera de entender la fotografía de boda en Valencia: intervenir lo necesario y dejar espacio para que las cosas ocurran.

MYRTUS: BLANCO, LUZ Y COLOR PARA UNA BODA MUY INTERNACIONAL

La ceremonia y la celebración tuvieron lugar en Myrtus, en Puzol. Siempre me había parecido un espacio muy agradecido fotográficamente: los grandes fondos blancos permitían que el colorido de los trajes y de los propios invitados destacara muchísimo.

También había una repetición de formas circulares entre la zona de ceremonia y el salón, algo que terminaba dando coherencia visual al reportaje aunque cada parte del día tuviera un ambiente distinto.

Myrtus no dispone actualmente de una ficha Level 2 confirmada dentro de nuestra estructura, así que no voy a inventarla. Sí tiene sentido relacionar esta historia con nuestra guía de masías, fincas y espacios para bodas en Valencia y con otras bodas reales que fotografiamos y grabamos en el mismo lugar.

Por ejemplo, un año antes estuvimos allí también con Aroa & David, una boda completamente diferente que demuestra cómo un mismo espacio cambia según las personas que lo llenan.

JAVIER SALDAÑA, LAS PALABRAS DE SU GENTE Y DANZA ORIENTAL

La ceremonia estuvo dirigida por Javier Saldaña, un oficiante al que ya habíamos visto trabajar en otras bodas. En el artículo original recordaba incluso la boda de Clara James y nuestra propia boda como ejemplos de esa relación de confianza.

Entre los momentos más emotivos estuvieron las palabras de las compañeras de Bela y las de la hija de Motaz, especialmente cariñosa con su padre. Era precisamente ahí donde aquella mezcla de culturas dejaba de ser una etiqueta y se convertía simplemente en familia.

Durante la cena llegaron nuevas sorpresas. Varias bailarinas de danza oriental actuaron para los invitados y Bela y Motaz, grandes aficionados a la música árabe, no tardaron en levantarse para acompañarlas. Conservamos incluso una pieza específica de aquella actuación, publicada como Danza Oriental en Bodas.

La boda completa tiene además su propia pieza en movimiento: el vídeo de la boda internacional de Bela & Motaz en Myrtus.

EL DÍA QUE RAPTARON A LA NOVIA Y PIDIERON DOS BOTELLAS DE JACK DANIEL'S

Más tarde, durante la fiesta, los hombres también sorprendieron bailando con total libertad. Y entonces ocurrió algo que yo no había visto nunca en una boda: un grupo de amigos de Bela la raptó.

Era una tradición rumana y casi todos parecían conocer el juego menos nosotros. Durante unos instantes nadie sabía aparentemente dónde estaba la novia y terminó produciéndose una llamada para negociar el rescate.

Motaz recibió la petición: dos botellas de Jack Daniel's. Su respuesta fue inmediata: «¿Cómo? ¿Dos botellas? ¿Estáis locos? ¡Una como mucho!». Los secuestradores todavía estaban valorando la contraoferta cuando la propia Bela intervino desde el otro lado: «¿Eso es lo que me quieres, rácano? ¡Consígueles las dos botellas o no vuelvo!».

No recuerdo haberme reído tanto en mucho tiempo. Probablemente porque no conocía la tradición y todo me pilló completamente por sorpresa. Ese es exactamente el tipo de momento que hace que dos bodas en un mismo espacio no tengan absolutamente nada que ver entre sí.

LAS PRINCESAS MODERNAS YA NO TIENEN HORA DE LLEGADA

La fiesta continuó hasta altas horas. El reloj de Myrtus seguía dando campanadas y allí no parecía dispuesto a marcharse ni la novia ni nadie.

En el artículo original terminábamos continuando la broma del cuento: las princesas modernas ya no tienen hora de llegada, se saltan la parte complicada y van directamente al «fueron felices y comieron perdices». Y, después de una boda como aquella, la conclusión sigue funcionando: me parece perfecto.

Muchas felicidades, pareja. Como fotógrafos solo podemos desearos lo mismo que entonces: buenas fotografías y buenos recuerdos.

Ver la galería de Bela & Motaz

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