La historia de Bela y Motaz empezó de una manera bastante particular.
Bela estaba buscando empleo y en una de las entrevistas conoció a Motaz,
que era el encargado de la selección de personal de la empresa.
Ella consiguió el puesto y, por lo visto, también consiguió llamar su atención.
Durante aproximadamente un año trabajaron juntos,
se conocieron en el día a día y acabaron siendo inseparables.
Aquella boda tenía precisamente eso:
una enorme cantidad de matices que no podían entenderse
si solo mirábamos la ceremonia o el banquete.
Motaz nos recibió en su casa visiblemente alegre,
rodeado de amigos que habían viajado desde distintos lugares
para acompañarlo.
Entre ellos hablaban en inglés, así que nos tocó sacar
nuestro oxidado segundo idioma para hacernos entender.
Fue un reto añadido y, al mismo tiempo,
una de las cosas que hicieron que aquel reportaje fuese diferente.
Bela se preparó en casa acompañada por su familia,
por su madre y también por la hija de Motaz.
Sus raíces familiares estaban en Rumanía,
aunque, igual que Motaz, hacía tiempo que su vida estaba ya muy arraigada en España.