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Fotografía de Boda en la Finca del Canónico, Valencia: Pilar y Jaime
Cuando la lluvia no corta el día, lo revela.

Este reportaje de boda es un ejemplo de nuestro trabajo como fotógrafos y videógrafos en masía el Canónigo del Catering Miquel martí. Puedes ver más bodas en este lugar en nuestra guía de bodas en Masías de Valencia

El 28 de diciembre fue un día lluvioso. De esos que, según cómo mires, pueden parecer un problema o una invitación. Nosotros vimos a Pilar y Jaime con los brazos en alto mirando al cielo, como si llamaran a la lluvia en vez de pedirle que se fuera. Y ahí entendimos el tono del día: no se trataba de que todo saliera “perfecto”, sino de seguir adelante juntos, incluso cuando el cielo se pone serio.

En la Finca del Canónico, en Valencia, la ceremonia fue contando su historia a trocitos, como se cuentan las cosas importantes: sin prisa, sin adornos de más, con detalles que tienen cuerpo. Una cala que no encajaba. Un gesto de ayuda. Una familia que se ensancha. Un “sí” dicho con voz clara. Y esa manera tan suya de estar: real, imperfecta, elegida.

El arte de ver el vaso medio lleno

Hay días que son como un vaso a medio llenar. Si te quedas en la parte vacía, solo ves el agua que cae, la ropa que se moja, el plan que se desordena. Pero si miras la otra mitad, descubres algo distinto: la lluvia como una pausa, como una caricia fría que te recuerda que estás aquí, que esto está pasando de verdad.

El 28 de diciembre, Pilar y Jaime eligieron esa otra mitad. Y nosotros lo vimos sin necesidad de que nadie lo explicara.

De una clase de spinning al "sí, quiero"

La maestra de ceremonias abrió la puerta con una frase que, de alguna manera, nos metió a todos dentro: “Si una ceremonia es el principio de la boda, vamos a aprovechar para que todos conozcáis el porqué de esta celebración.”

Y el porqué tenía un escenario inesperado, de los que no salen en las películas: una clase de spinning, música, bicicletas quietas, y una cala rebelde empeñada en escaparse del pedal. A veces las historias no empiezan con fuegos artificiales; empiezan con un pie que no encaja y alguien que decide levantarse a ayudarte.

Nos lo contaron con humor y con ternura:

“Jaime cogió el tobillo de Pilar con una mano, con la otra su empeine y ahí… la cala encajó.”

Ese gesto, tan simple, se quedó flotando en el aire el resto del rato. Porque hay ayudas que no son grandiosas, pero cambian el ritmo de una vida. Y a Pilar se le escapó una sonrisa que lo dijo todo sin palabras.

Después vinieron los años. Diez y medio. Y no como una cifra solemne, sino como un camino andado a base de días normales: WhatsApps interminables, una primera cita con retraso y tres jarras de Radler, y una convivencia que fue mezclando el orden de Pilar con el desorden de Jaime hasta hacer algo propio.

Una familia que es refugio y calma

En esa familia hay una manera muy concreta de sostenerse. La vimos en lo que contaron sus hermanos, en cómo hablaban de lo que han aprendido en casa. Pedro lo dijo con una mezcla de risa y verdad: “Jaime confía en nosotros ciegamente, incluso cuando no debería.” Y luego lo llevó a un sitio más hondo:

“Jaime siempre mira hacia ella. Ella es su calma.”

Esa frase se quedó como una llave. Porque la calma, cuando es compartida, se convierte en hogar. Javier, con su humor inteligente, puso nombre a lo que a veces cuesta explicar: “Yo vengo a hablaros de Pilar.” Y lo que describió no fue una “perfección”, sino una presencia: tranquilidad, estabilidad, pertenencia.

En esa familia hay una manera muy concreta de sostenerse. La vimos en lo que contaron sus hermanos, en cómo hablaban de lo que han aprendido en casa. Pedro lo dijo con una mezcla de risa y verdad: “Jaime confía en nosotros ciegamente, incluso cuando no debería.” Y luego lo llevó a un sitio más hondo:

“Jaime siempre mira hacia ella. Ella es su calma.”

Esa frase se quedó como una llave. Porque la calma, cuando es compartida, se convierte en hogar. Toño, con su humor inteligente, puso nombre a lo que a veces cuesta explicar: “Yo vengo a hablaros de Pilar.” Y lo que describió no fue una “perfección”, sino una presencia: tranquilidad, estabilidad, pertenencia.

Claudia y el "sistema propio" del caos

Y en medio, Claudia, que no fue un “añadido”, sino parte central del relato. Habló con esa mezcla de emoción e ironía que solo sale cuando una historia es tuya de verdad. Puso fecha mental a un momento que todavía le vibra: la pedida de mano con yincana incluida mientras sonaba Thinking Out Loud.

Claudia también dibujó con detalle esas pequeñas manías que enseñan cómo se ajusta una pareja con el tiempo: “Mamá… un simple cojín al revés, una mota de polvo… pueden ser una emergencia nacional.” Y, al mismo tiempo, ese desorden “con sistema propio” de Jaime que ella conoce de memoria. No era una burla; era un retrato de casa. De esa casa donde uno aprieta y el otro afloja.

Votos, lluvia y limonada

Entonces llegaron los votos. Pilar lo dijo con claridad: “Sin darnos cuenta dejamos de ser tú y yo por separado para convertirnos en nosotros... juntos somos más fuertes.”

Jaime, nervioso pero seguro, se agarró a la metáfora del principio: “Hoy sé que quiero seguir pedaleando a tu lado el resto de mis días.” Y dejó caer una frase que es casi una firma de lo que son: “Tu frase lo resume todo: ‘Con lo bien que se está en casa’.” No hablaba de paredes. Hablaba de refugio.

El concejal Jesús Carbonell puso el marco legal y, tras el "Sí, quiero", los anillos pasaron de mano en mano. Cuando sonó Viva la Vida, volvió la lluvia. Pero ya no importaba. Hay quien se queda en el “se nos moja el día”. Y hay quien se levanta el cuello de la chaqueta, se ríe y sigue. Pilar y Jaime hicieron limonada con lo que hubiera.

Para nosotros, acompañar un día así es recordar por qué hacemos lo que hacemos. Porque la fotografía de bodas y el vídeo de bodas no van de posar una historia, van de guardarla cuando está ocurriendo.

La Finca del Canónico, en Valencia, fue el escenario, pero lo esencial fue otra cosa: la calma aprendida, la familia construida y esa forma de quererse que, incluso bajo la lluvia, elige siempre el lado lleno del vaso.

Un abrazo,
Israel — Va de Novias

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